Y como las ovejas, los bosques y los lagos glaciares, las casas de planta baja elevada, las ciudadelas, los muros de piedra, las iglesias fortificadas, las nieves y los pueblos pintorescos, la gente trabajadora y hospitalaria, los bailes învârtita, las blusas ie bordadas y el bulz de los pastores (una bola de polenta con queso)…
El tesoro que hay al final del arcoíris no es la «tradicional» olla llena de monedas de oro, como podría pensarse, sino algo muchísimo más valioso. La esperanza es el sentimiento del que nos «habla» el arcoíris, y cada momento que pasamos cerca de ese precioso arco en el cielo nos da fuerzas para seguir…